terça-feira, junho 25, 2013

As explicações para a frota de luxo da polícia do Dubai



A polícia do Dubai abre a porta da sua frota de luxo. Cada Lamborghini vale cerca de 300 mil euros, mas há um Ferrari e também Astin Martin. A intenção é serem usados nas zonas turísticas, segundo explicou à agência Reuters o general Khamis Mattar Al Mazeina. «O principal objetivo é refletir a reputação do emirato e o elevado estatuto que alcançou», explicou Al Mazeina. Com uma frota para turista ver, não será de estranhar que estas bombas na estradas circulem na zona do ex-libris do emirato, o edifício mais alto do mundo, a torre Burj Khalifa (fonte - TVI)

Austeridade não salva Finlândia da crise



Li no site da RTP que "o Banco Central da Finlândia reviu em baixa as suas previsões para a Economia e antecipa agora um agravamento da recessão no país ao longo do ano. O regulador estima uma contração de 0,8 por cento no Produto Interno Bruto em 2013 quando em dezembro antecipava um crescimento de 0,4 por cento do PIB. Conhecido por ser um dos mais ardentes defensores da austeridade na Zona Euro, o país nórdico está a ser também vítima da crise e das medidas de austeridade nos outros países europeus, que diminuíram a procura pelas exportações de que depende a pequena economia finlandesa. Ao abrandamento das exportações, e à correspondente quebra dos investimentos, soma-se um aumento da taxa de desemprego que num ano subiu de 7,3 para 8,8 por cento e que vem acompanhado de uma queda acentuada do consumo. O Banco Central diz que a confiança dos consumidores finlandeses enfraqueceu e que são necessárias reformas económicas. “Os problemas da Economia, que anteriormente eram encarados como um fenómeno cíclico e temporário, revelaram agora ter uma natureza duradoura e estrutural”, disse o governador do Banco Central Erkki Liikanen.
"Fraqueza estrutural"
A fraqueza estrutural a que o governador do Banco Central se refere está relacionada com o declínio na procura de duas grandes exportações finlandesas: O papel para impressão e os telemóveis da Nokia. Há dez anos, o papel e a indústria eletrónica contribuíam em dez por cento para o desempenho económico do país mas, no ano passado, a proporção foi inferior a quatro por cento. Não obstante as estimativas pessimistas, o regulador central finlandês espera que a economia volte a crescer em 2014, embora apenas 0,7 por cento, aumentando para 1,4 por cento no ano seguinte. Apesar de estar a braços com a terceira “recessão técnica” desde o início da crise financeira, a Finlândia viu confirmada há apenas três semanas a notação de “triplo A” pela agência Moody’s A Moody’s justificou a manutenção da nota máxima com o facto de o país ser o único dos 17 que nunca quebrou, até agora, as regras fiscais e orçamentais da Zona Euro.
Papel de economia modelo ameaçado
No entanto, os analistas acreditam essa situação não vá durar. Fazem notar que nos últimos anos, o governo de Helsínquia foi sempre capaz de colmatar o seu défice fiscal com aumentos de impostos e cortes na despesa. No entanto, de acordo com o Banco Central, as presentes condições impedem o executivo de lançar mão dessas medidas, pelo que a dívida nacional da Finlândia deverá ultrapassar daqui a 2 anos a meta europeia dos 60 por cento do PIB.  Os economistas estimam que, em 2015, o rácio da dívida finlandesa deverá atingir os 61,8 por cento quando em 2008, no início da crise financeira era de apenas 34 por cento.  A transgressão das regras europeias não acarreta, por enquanto, penalizações por parte de Bruxelas, mas poderá assustar os investidores, que até agora consideravam a Finlândia como um exemplo de gestão financeira a quem era 100 por cento seguro emprestar dinheiro. Este estatuto é um dos que tem dado ao país uma influência extraordinária nos resgates aos outros países da zona monetária. A Finlândia pertencia, até agora, ao clube dos chamados “países ricos” do norte da Europa que tem vindo a exigir duras reformas às endividadas nações do sul a troco dos empréstimos concedidos a título de resgate"

Las excentricidades más íntimas de Kim Jong-il, reveladas por su cocinero



Li no ABC que "el japonés Kenji Fujimoto afirma que el difunto dictador tenía un ejército de esclavas sexuales y gastaba 700.000 dólares al año en coñac. Poco, muy poco se sabía de la vida diaria de los gobernantes de Corea del Norte, el país informativamente más cerrado del planeta. Hasta ahora: el chef de sushi japonés Kenji Fujimoto ha desvelado todos los secretos de Kim Jong-il, el padre del actual dictador norcoreano Kim Jong-un, en una entrevista concedida al ganador del premio Pulitzer Adam Johnson. Fujimoto —pseudónimo—, relata en la entrevista (publicada en la revista GQ) que permaneció durante doce años junto al dirigente norcoreano, con el que llegó a trabar algo parecido a una amistad (pese a que intentó asesinarle en al menos una ocasion, al sospechar que le había traicionado).  Gracias a su posición privilegiada, a la que accedió tras haber conocido a Kim Jong-il durante un primer viaje al país asiático en 1981 en el que el dictador, fallecido en 2011, se encaprichó de él, el cocinero fue testigo de los desmanes de la casta dirigente del país entre 1988 y 1999. Durante ese período al menos dos millones de norcoreanos murieron de hambre. Kim Jong-il vio en el un excelente confidente, ya que no conocía ni el idioma ni las complejas tramas políticas del país asiático. Además, compartía en gran medida los extravagantes gustos del dictador. Así, Fujimoto acompañó al hijo de Kim Il-Sung en numerosas juergas, que llegaban a durar varios días, y también mientras veía su extensísima colección de cine norteamericano —llegó a atesorar más de 30.000 películas—, además de servirle como chico de los recados —volaba por todo el mundo para satisfacer sus deseos culinarios más extravagantes, y como cuidador de sus hijos, Kim Jong-chul y Kim Jong-un, el actual caudillo norcoreano.
A Pekín por una hamburguesa
El chef se encargaba de la alimentación de Kim Jong-il, lo cual incluía frecuentes viajes por todo el mundo para abastecer su despensa de los productos más caros y selectos. Como parte de su trabajo, Fujimoto se desplazaba a Irán a comprar caviar, a Tokio para adquirir pescado o a Dinamarca para aprovisionarse de cerveza. También viajó a Francia en numerosas ocasiones para reponer la muy frecuentada bodega del dictador: según él, gastaba 700.000 dólares anuales en coñac.  Sin embargo, el viaje más disparatado fue cuando al caudillo norcoreano, paradójicamente amante de los productos norteamericanos, se le antojó una hamburguesa de Mc Donald's: el régimen fletó un avión de Air Koryo, la aerolínea oficial del país —y la peor del mundo, según los ránkings internacionales— únicamente para trasladarle a un restaurante de comida rápida de Pekín.
Además, sus manías culinarias llegaban hasta el extremo de exigir que el arroz que comía fuera inspeccionado, grano a grano, por un equipo de 200 personas para evitar ser envenenado y que se filtrara algún grano defectuoso. El cereal debía ser cocinado con madera traída expresamente del monte Paektu, una de las montañas sagradas de Corea del Norte.
Un ejército de jovencitas para satisfacerle
Según el testimonio de Fujimoto, Kim Jong-il mantenía una animada vida sexual... a costa de decenas de esclavas sexuales a las que forzaba. Durante el primer viaje del cocinero al norte de la península coreana, en 1981, los guardaespaldas del líder coreano se dedicaban a secuestrarlas en países como Tailandia o China. Sin embargo, esta práctica era arriesgada y desataba las iras de la diplomacia de los países afectados, así que en 1988 el caudillo norcoreano creó un cuerpo especial de jovencitas de menores de dieciséis años a las que adiestraban para satisfacerle: las kippumjo o «Joy division» (División de la diversión). Las kippumjo eran enviadas a Taiwan o Hong Kong para recibir cursos especiales sobre masajismo y nadie, salvo el propio Kim Jong-il, podía tocarlas.
Borracheras de órdago
Además, el líder norcoreano celebraba continuas fiestas en las que el alcohol, procedente de la bien surtida bodega que tenía en un búnker de Pyongiang —donde guardaba más de cien mil botellas— fluía a raudales mientras los invitados jugaban al bacará, un juego de cartas similar al black jack.  En ellas los desmadres eran frecuentes: al dictador le gustaba practicar peligrosos juegos con armas de fuego, además de afeitar la cabeza de sus invitados cuando se emborrachaban. En la boda de Fujimoto con una famosa cantante norcoreana —a la que Kim Jong-il obligó a casarse con él—, el líder norcoreano aprovechó la borrachera del cocinero para raparle los testículos, a modo de particular regalo nupcial.
Pasión por el cine norteamericano
Kim Jong-il era un auténtico enamorado del cine estadounidense. Según Fujimoto tenía una colección de más de 30.000 películas de Hollywood, de las cuales sus favoritas eran las protagonizadas por Arnold Schwarzenegger, las cuales solía ver con Fujimoto.
«Protegedme como los del Servicio Secreto en las películas», exigió
En una ocasión, el dictador llegó a cambiar su seguridad personal tras visionar la cinta «En la línea de fuego», en la que Clint Eastwood ejerce de guardaespaldas del presidente norteamericano. En la escena en la que Eastwood corre junto a la limusina presidencial. Kim Jong-il paró la película, se levantó y gritó a su guardia personal: «así es como quiero que me protejáis, como lo hacen los agentes del Servicio Secreto de las películas». Además, el dictador era seguidor habitual de los programas de cocina. Su favorito era «Iron Chef», y cada vez que Fujimoto viajaba a Japón, le traía los últimos capítulos en VHS, que después comentaba con él.
Nombre impronunciable
Cuando llegó por primera vez a Corea del Norte, en 1981, Fujimoto cuenta que tardó días en saber que estaba trabajando para el líder norcoreano «porque nadie se atrevía a pronunciar su nombre». Según él, todos le llamaban «Jang-gun-nim», que significa «querido general».El sumo respeto con el que todos trataban al dictador era una constante, hasta el punto de que nadie osaba llevarle la contraria. El propio Fujimoto cree que, en parte, el haberle caído en gracia a Kim Jong-il se debe a que en una ocasión, al poco de conocerle, osó rechazar un sobre repleto de dólares norteamericanos que éste le tendió. «El traductor me dijo que estaba loco», explica.
Piscina de oro
Otra de las extravagancias del general fue ordenar la construcción de una piscina olímpica subterránea a prueba de misiles en la ciudad de Wonsan, la segunda más importante del país, situada en el sureste. En el fondo de la piscina King Jong-il ordenó dibujar su efigie con teselas de oro. Además, para evitar cansarse al nadar, el dictador ordenó a sus ingenieros que le construyeran una lancha motorizada"

La sangrienta tragedia naval del Titanic nazi




Segundo o ABC, "más de 9.000 personas fallecieron cuando los soviéticos hundieron el buque que enorgullecía a Hitler, el Wilhelm Gustloff, al final de la II GM. Entre todas las tragedias navales que se han sucedido a lo largo de la Historia, el sobrecogedor choque del transatlántico Titanic contra un iceberg siempre se ha alzado por encima del resto. Sin embargo, existe una catástrofe algo más desconocida pero que, a día de hoy, sigue siendo el mayor desastre marítimo del mundo: el del Wilhelm Gustloff, un buque nazi en el que, tras ser torpedeado, murieron más de 9.000 refugiados y militares del Reich al final de la II Guerra Mundial. Aunque menos cinematográfica, la historia del Gustloff es, en muchos puntos, similar a la del gigante que chocó contra un iceberg. En ambos había botes salvavidas insuficientes para poner a salvo a todo el pasaje; en los dos hubo que usar armas de fuego para controlar a los pasajeros desesperados que intentaban subirse a las barcas de salvamento y en ambos hubo una ingente cantidad de fallecidos. No obstante, en la catástrofe del buque nazi fallecieron seis veces más personas que en el barco de la White Star Line.
El buque de la Alegría
La construcción de este gigante de los mares se dejó a cargo de los astilleros Blohm & Voss por mandato de Adolf Hitler, quien ordenó además que el buque debería ponerse a las órdenes de la Kraft durch Freude (KdF), una organización nazi dedicada a establecer las vacaciones de los habitantes de Alemania. En 1937, tras muchos meses de fabricación, este transatlántico fue botado definitivamente por el mismísimo Führer. «El primero de mayo de 1937 se anunció en la radio y en la prensa: “El primer buque de nueva construcción de la KdF del Frente Alemán del Trabajo será botado el 5 de mayo de 1937 en la explanada del astillero Blohm & Voss de Hamburgo. El Führer y canciller del Reich, Adolf Hitler, viene a Hamburgo para el acontecimiento. […] Todo Hamburgo está emocionado”», recuerda Heinz Schön, uno de los pocos hombres que lograron salvar la vida en esta catástrofe naval, en su libro «La tragedia del Gustloff. Relato de un superviviente». En cuanto a su nombre, y a pesar de que en un principio se barajaban otras posibilidades, finalmente se decidió botar este transatlántico como Wilhelm Gustloff en honor de un político nazi asesinado algunos años antes. Así, aquel 5 de mayo, miles de miembros del partido nazi, soldados, y civiles, enarbolaron sus banderas para recibir a este nuevo buque de recreo bajo los gritos de «Sieg heil» (victoria y gloria).
El gran transatlántico de Hitler
Con 208,5 metros de eslora y 23,5 metros de manga en su parte más ancha, este buque no contaba con la gran envergadura del Titanic (que le superaba en 60 y 5 metros respectivamente). No obstante, las dimensiones del barco nazi le convertían, según recoge Schön, en el 5º buque alemán de mayor tamaño y en el 25º a nivel internacional.
Hitler ordenó construir varios buques de recreo que pudieran ser utilizados en combate
El Gustloff fue ideado para transportar aproximadamente a 1.465 pasajeros por travesía (a los que se sumaban los aproximadamente 500 tripulantes), para lo cual necesitaba de unas colosales instalaciones en su interior. «Alimentar a casi 2.000 personas no era tarea fácil. En la cocina trabajaban 28 personas. Por menú se preparaban unos 400 litros de sopa, 160 litros de salsa, 400 kilos de verduras y 1000 kilos de patatas. […] En la cafetería se usaban cada día una media de 50 kilos de café, 100 kilos de azúcar, y en cada comida, 800 litros de líquido y 250 litros de leche. En el bufé, donde se cortaba, se untaba y se disponía el pan, se consumían 10.000 rebanadas de pan al día, dos barriles de mantequilla de 125 kilos y 100 kilos de queso en cada merienda» señala el superviviente.  Este buque se destacaba además por una curiosa característica: no contaba con clases, pues todos los camarotes eran de un lujo considerable y similar. Sólo había una excepción, la estancia creada especialmente para Hitler. «El “Camarote del Führer” se diferenciaba de los demás camarotes del “barco sin clases” por un equipamiento mejor, aunque no extremadamente lujoso», completa Schön en su libro.
Primeros travesías y transporte de la Legión Cóndor
Después de realizar una travesía inaugural el 23 de marzo de 1938 sin incidentes, el Wilhelm Gustloff comenzó a llevar a cabo todo tipo de ostentosos viajes a múltiples partes del mundo. De hecho, pronto comenzó a hacerse famoso por efectuar un trayecto a la isla de Madeira. Para sus pasajeros, cruzar los mares a bordo de este inmenso transatlántico era todo un honor y un privilegio.  Sin embargo, tras apenas unos meses en activo como barco de recreo, el Gustloff llevó a cabo la primera de las muchas misiones militares que, en un futuro, tendría que realizar. Y es que, el 22 de mayo de 1939 el Führer ordenó a este trasatlántico dirigirse a Vigo, donde tenía la orden de recoger a la Legión Cóndor, los soldados alemanes que habían combatido junto a Franco en la guerra española.
El Gustloff participó en varias operaciones de rescate de heridos
«En España había finalizado la Guerra Civil. La participación alemana en esta guerra en suelo español, una especie de “escenario de prueba” para la Segunda Guerra Mundial, había comenzado el 1 de agosto de 1936 con la llegada de los primeros 85 voluntarios alemanes. Después, Hitler había decidido apoyar masivamente a Franco. Entre 1936 y año nuevo de 1939 invirtió 500 millones en este nuevo campo de maniobras para las tropas, en nuevas armas y en nuevas tácticas, en aviones alemanes, blindados, munición, y 20.000 soldados», determina el escritor alemán.  Pocos días después, el Gustloff amarró en el puerto ante los aplausos y las lágrimas de alegría de los militares españoles. «A primera hora de la mañana del 25 de mayo de 1939 llegaron al Gustloff altos oficiales españoles y oficiales de aviación alemanes […] A la mañana siguiente […] la España de Franco se empleó a fondo para la despedida. Miles de fascistas estaban de pie en el puerto para decir adiós a sus compañeros de armas; la noche anterior tuvieron celebración a bordo con ellos», añade Schön.
Un hospital sobre el mar
No obstante, todo cambió para el Gustloff el día en que Hitler hizo oficial el inicio de la II Guerra Mundial. Aquella mañana del 1 de septiembre de 1939, el líder nazi se dirigió mediante un discurso a multitud de buques para ordenarles servir de apoyo a las Fuerzas Armadas convirtiéndose en barcos hospital. Con esta decisión, Hitler desveló definitivamente el maquiavélico plan que llevaba orquestando años atrás. Y es que, como Alemania tenía prohibida por la comunidad internacional la construcción de cualquier buque que pudiera ser destinado para la guerra, había ordenado crear varios barcos que pudieran reconvertirse rápidamente en hospitales y armas flotantes.
Los nazis pretendían evacuar en buques a miles de refugiados alemanes
Uno de ellos era el Gustloff, que en poco tiempo se modificó para surcar los mares como un buque enfermería. Para ello, se pintó enteramente de un blanco impoluto sólo atravesado por una gruesa línea verde. A su vez, se añadió en su chimenea el símbolo de la cruz roja. Si antes su aspecto era, cuanto menos, imponente, ahora este gigante había adquirido la apariencia de un fantasma.  «A partir del 1 de septiembre de 1939 ya no hubo ningún buque de Fuerza y Alegría llamado Wilhelm Gustloff. […] Se terminó el sueño del buque de recreo, de las travesías marítimas para los trabajadores, de los espléndidos viajes a Madeira, alrededor de Italia y a los fiordos noruegos. Fue un breve sueño como buque de la KdF el que pudo soñar el Wilhelm Gustloff. Duró apenas un año y 116 días. El tiempo de la alegría había terminado», finaliza el escritor. Tras entrar a formar parte de la Armada, el Gustloff participó en varias misiones de rescate y curación de heridos a lo largo de toda la costa. A su vez, fue uno de los buques hospital movilizados por Hitler para llevar a cabo la «Operación León Marino» es decir, la ocupación nazi de Gran Bretaña. No obstante, finalmente este plan no se llevó a cabo.
Al servicio del ejército
Después de que se cancelara la «Operación León Marino» el Gustloff fue dado de baja como buque hospital y reconvertido, el 21 de noviembre de 1940, en una vivienda para la Sección II de la Segunda División de Instrucción Submarina. Además, para darle una mayor apariencia militar, se volvió a repintar de forma similar a los buques de la Kriegsmarine y se le añadieron algunas ametralladoras antiaéreas como posible defensa ante los cazas aliados. Sin duda, algo insuficiente para un transatlántico de esas dimensiones. «Acabó anclado en el puerto de Stettin durante más de cuatro años, convertido en el alojamiento de los cadetes de la cercana base de instrucción en guerra submarina», determina por su parte Justino Balboa en su libro «Grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial». En cambio, cuando la opinión general era que ya nunca volvería a navegar, el Gustloff recibió su última misión, la que condenaría a casi 10.000 personas a la muerte.
«Operación Hannibal», el inicio de la matanza
De esta forma, en enero de 1945 la situación cambió para el olvidado y amarrado Gustloff. Aquel fatídico mes, el transatlántico recibió la orden de dirigirse a la región de Gdynia -ubicada en Polonia- para rescatar a los refugiados alemanes que huían del avance del ejército rojo en la Prusia Oriental. Y es que los rusos, ávidos de venganza, se cernían ahora inexorablemente sobre el territorio nazi. El Gustloff formaba parte de la llamada «Operación Hannibal», un plan mediante el que los líderes nazis pretendían, con la ayuda de 1.100 buques, desplazar a más de dos millones de refugiados a territorio seguro y fuera del alcance de la guerra. No obstante, lo que no sabían los altos mandos era que, a pesar de que salvarían a un gran número de civiles, las aguas del Báltico quedarían teñidas de rojo con la sangre de los fallecidos en el hundimiento del transatlántico que, en su día, ordenó construir Hitler.«Todos los buques disponibles en el Báltico (militares, mercantes e, incluso, pesqueros) fueron destinados a la evacuación. En aquellos momentos, en el puerto, más de 60.000 refugiados trataban de abordar las naves, en un estado total de caos y confusión. Mientras los oficiales intentaban contabilizar y distribuir lo mejor posible a los pasajeros, eran muchos los que subían a bordo desordenadamente burlando la guardia», explica Balboa.
Una carga 9 veces superior a la debida
Eran momentos desesperados, pues quedarse en tierra para la población significaba hacer frente a una muerte casi segura. Por ello, y a pesar de que se habían asignado una serie de pasajes provisionales para el Gustloff, fueron miles los que lograron hacerse un hueco a costa de la incapacidad moral de los guardias, quienes no pudieron negar la entrada a nadie. Así, el transatlántico contaba el día de su partida con miles de pasajeros a bordo.
El S-13 soviético lanzó 4 torpedos que sentenciaron al Gustloff
«Las últimas investigaciones dicen que (con independencia de las cifras oficiales) a bordo del Gustloff se hacinaron 8.956 refugiados, 918 oficiales y marineros de la 2ª División de Submarinos, 373 mujeres del cuerpo femenino auxiliar de la armada, 173 auxiliares y 162 heridos graves, lo que hacía un total de 10.582 personas» completa el autor de «Grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial». Es decir, el transatlántico partía nada menos que con una carga 9 veces superior a la aconsejable. Sin embargo, el problema no era únicamente que no quedara ni un resquicio libre en el veterano buque –algo que dificultaba las posibilidades de supervivencia en caso de catástrofe naval-, sino que no había a bordo botes suficientes para todos los pasajeros. De hecho, en caso de que sucediera un contratiempo y se hiciera necesario abandonar a su suerte el barco, únicamente existían balsas de salvamento para unas 5.000 personas.
Partida hacia la muerte
Con todos estos problemas en sus anchas y metálicas espaldas, el Gustloff levó anclas el 30 de enero de 1945, día en el que, curiosamente, los alemanes celebraban la subida de Adolf Hitler al poder en Alemania. Aquel día, en cambio, los ánimos no estaban para fiestas. El frío sacudía a aquellos que se encontraban en las cubiertas superiores y la baja temperatura del mar hacía imposible la supervivencia de aquel desdichado pasajero que resbalara y cayera al mar.Por su parte, la tripulación militar del buque tampoco celebraba realizar ese viaje, pues sabían que estaban casi indefensos ante cualquier ataque. De hecho, temían sobremanera un asalto marítimo debido a la presencia en el Báltico de multitud de submarinos soviéticos y a la escasa escolta que había recibido el Gustloff (un pequeño torpedero –el Löwe- que poco podría hacer ante una ofensiva coordinada del enemigo).
La decisión fatal
Tras algunas horas de viaje, y con los nervios a flor de piel, un mensaje llegó a los capitanes nazis que dirigían el buque. Las noticias no podían ser peores. Según se explicaba, una unidad de dragaminas alemana navegaba en su dirección y había peligro de colisión. Por ello, se hacía necesario encender las luces de posición del navío, hasta ahora apagadas, para que los barcos pudieran esquivar al poderoso Gustloff.
El navío se llevó al fondo del mar casi 10.000 almas
Tras una acalorada discusión en el puente, los oficiales dieron la orden y las luces se encendieron. Sin embargo, y exactamente como temían, el breve momento en el que estuvieron activadas reveló la posición del transatlántico, que fue visto por el submarino soviético S-13 al mando de Alexander Marinesko. Él sumergible del Ejército Rojo no lo dudó, cargó cuatro torpedos y tomó posiciones para atacar el flanco de un buque cargado de civiles y tropas del ejército de Hitler. «A las 23:00 en punto, hora de Moscú, el submarino se colocó en posición de disparo. El S-13 se acercó a unos 1.000 metros del objetivo. Marinesko ordenó preparar los torpedos de proa para un ataque en superficie y sumergirse luego a una profundidad de tres metros. Cuando la proa del enorme buque fue reconocible en el centro de la retícula del periscopio del S-13, Marinesko dio la orden», explica el escritor alemán. No había vuelto atrás, el sumergible ruso había lanzado sus cuatro torpedos.
Tres impactos mortalhes
Unos minutos después, aproximadamente a las nueve y cuarto de la noche, tres impactos hicieron blanco en el costado de estribor del Gustloff. Las explosiones, que zarandean el buque, fueron las inyecciones mortales que condenaron a los miles y miles de pasajeros. El primero impactó sobre la proa, provocando el cierre de los mamparos de seguridad que evitaban que el barco se fuera a pique. En un suceso similar al acaecido en el Titanic, miles de personas se quedaron aisladas en la sección delantera del barco, ahora sellada, sin posibilidad de subir al exterior. Estaban condenadas a morir ahogadas.El segundo torpedo, por su parte, estalló en la piscina interior de la cubierta más baja del Gustloff, la cual se había vaciado para que se acomodaran en ella varias decenas de enfermeras auxiliares de la marina. «La mayoría de las víctimas ni siquiera debió de oír el estruendo. La muerte les sobrevino en el barco de la forma más fácil, las sorprendió mientras dormían», completa Schön. Finalmente, el tercero chocó contra la parte trasera del barco, mientras que el cuarto no llegó a salir, debido a un fallo mecánico, del S-13.
El terror se apodera del passaje
Casi automáticamente, y a sabiendas de que el número de botes era insuficiente, una avalancha humana se lanzó sobre las escasas barcazas de salvamento mientras el barco se escoraba a estribor. En apenas 10 minutos el terror se apoderó de toda alma a bordo. Desde el puente, la orden fue clara: ¡Mujeres y niños primero! Pero, como era de esperar, muchos hombres no aceptaron esta premisa y cargaron contra los botes y los oficiales que los custodiaban. Así, en una situación muy similar a la sucedida en el Titanic, algunos soldados se vieron obligados a abrir fuego con sus pistolas sobre los pasajeros para evitar que ningún varón subiera antes que una mujer o un niño a un bote salvavidas.
La tragedia del Gustloff sigue siendo la más grande de la Historia
«Mientras la gente buscaba desesperadamente en la cubierta superior del Gustloff alguna posibilidad de salvación, muchos seguían luchando en el interior del buque contra un destino horrible; yacían heridos o aturdidos por los gases de las detonaciones, en los camarotes, por los corredores y en las salas, estaban tirados, tumbados en el suelo o corrían desesperados de un lado a otro», añade en su texto el autor de «La tragedia del Gustloff» En pocos minutos los botes se acabaron a pesar de que aún quedaban miles de mujeres, niños y hombres a bordo de este ataúd de metal. En ese momento la desesperación se hizo todavía más palpable mientras cientos y cientos de personas trataban de aceptar el cruel destino que les esperaba en aquellas gélidas aguas.
Los últimos minutos del gigante
El Gustloff no tardó mucho en irse al fondo del mar llevandose consigo a todas esas almas en su interior. Tal fue la impotencia de algunos pasajeros que, según narra Schön, un oficial alemán prefirió disparar a su familia –una mujer y dos niños menores de cinco años- antes de que estos murieran ahogados.  Finalmente, y aproximadamente una hora después de que el S-13 disparara sus mortales torpedos contra el navío nazi, el Gustloff se fue al fondo del Báltico junto con 9.400 personas y dejando unos 1.000 escasos supervivientes. Los números hacen que, aún hoy, el desastre de este buque sea el mayor de la historia naval"