Do El Pais e da autoria do jornalista JERÓNIMO ANDREU, publicamos com a devida vénia uma reportagem publicada naquele jornal seundo a qual o avião perdeu muito do seu "glamour". Tera sido? Leia o texto em questão: "Preocupada por las condiciones de viaje de los animales, la Unión Europea firmó en 2004 una Convención que legisla cosas tan precisas como que una piara de cerdos sin destetar debe descansar cada nueve horas, o que los caprinos tienen que disponer de un abrevadero en el camión. Los damnificados esta semana por el colapso de Barajas han descubierto que en un aeropuerto los derechos de los bípedos pueden ser más difusos que los ovinos. Una absoluta falta de información sobre en qué país pasará la noche, o esperas de 17 horas en las que hay que luchar por el botellín de agua que fija la ley en compensación, son condiciones que el pasajero asume forzosamente como normales cuando se prepara a volar. No existe una legislación efectiva que le ampare y nadie tiene demasiadas esperanzas de que las reclamaciones individuales sirvan para mejorar el panorama. Las colas en Barajas se eternizaban estos días, y el gesto de los fumadores que consumían la espera encerrados en compartimentos de metacrilato traía a la mente los impulsos caníbales de Hannibal Lecter. No era para menos: entre la huelga de celo de pilotos de Iberia, la misteriosa enfermedad de un tercio de los 23 controladores aéreos y el mal tiempo, algunos viajeros han pasado tres días varados en el aeropuerto. "Lo preocupante es que el deterioro de las condiciones de vuelo no es un hecho puntual", opina Francisco Ferrer, responsable jurídico de la Asociación General de Consumidores (ASGECO). Lo mismo cree José María Mújica, presidente de la Organización de Consumidores y Usuarios: "Vamos para atrás en derechos y comodidad. Las aerolíneas de bandera funcionan como las de bajo coste, las medidas de seguridad son asfixiantes y encima nos vapulean con las huelgas". Los pasajeros protestan porque las enormes infraestructuras que son los aeropuertos -52 millones de personas pasan al año por Barajas- se desbordan con frecuencia y las condiciones de vuelo degeneran. Un viaje estándar puede comenzar con unas horas de espera, proseguir con un striptease en el control de seguridad y finalizar en un aeropuerto extraño sin maletas. No es un plan tan raro: muchas familias lo hacen en vacaciones. Antonio Cano, psicólogo especialista en ansiedad, y víctima él mismo de la ola de retrasos, recuerda cómo en su vuelo, tras una hora parados dentro del avión, un viajero sufrió un ataque de agorafobia. Otro perdió los papeles y comenzó a increpar a la tripulación. "La espera crea estrés, genera malestar; y la falta de información agrava el cuadro. Cuando alguien tiene compromisos y ve que empiezan a romperse, reacciona mal", explica. En fechas señaladas, como las Navidades, el estrés sube. La noche de Reyes seis niños se apelotonaban en la T-4 frente a una pantalla de publicidad que había pasado a emitir películas de Disney. Todos iban a dormir en un hotel de Barajas. Una incertidumbre les sobrevolaba: ¿conocerían los Reyes la dirección del hotel? Los padres miraban al suelo. No está libre de desesperación ni siquiera el pasajero que sortea las huelgas, el overbooking (venta de billetes por encima de la capacidad de la aeronave), los retrasos y las cancelaciones. La prueba estrella de la gincana aeroportuaria es el control de seguridad. En Barajas, a una pareja le faltan brazos para pasar los controles con maletas, abrigos y bandejas de plástico para la máquina de rayos. Luego comienza el juego de las prendas: cinturón, zapatos... y a pesar de todo, algo continúa pitando cada vez que la mujer cruza el detector de metales". Leia aqui o texto na íntegra.quinta-feira, abril 15, 2010
Aviação: terá o avião perdido o seu "glamour"?
Do El Pais e da autoria do jornalista JERÓNIMO ANDREU, publicamos com a devida vénia uma reportagem publicada naquele jornal seundo a qual o avião perdeu muito do seu "glamour". Tera sido? Leia o texto em questão: "Preocupada por las condiciones de viaje de los animales, la Unión Europea firmó en 2004 una Convención que legisla cosas tan precisas como que una piara de cerdos sin destetar debe descansar cada nueve horas, o que los caprinos tienen que disponer de un abrevadero en el camión. Los damnificados esta semana por el colapso de Barajas han descubierto que en un aeropuerto los derechos de los bípedos pueden ser más difusos que los ovinos. Una absoluta falta de información sobre en qué país pasará la noche, o esperas de 17 horas en las que hay que luchar por el botellín de agua que fija la ley en compensación, son condiciones que el pasajero asume forzosamente como normales cuando se prepara a volar. No existe una legislación efectiva que le ampare y nadie tiene demasiadas esperanzas de que las reclamaciones individuales sirvan para mejorar el panorama. Las colas en Barajas se eternizaban estos días, y el gesto de los fumadores que consumían la espera encerrados en compartimentos de metacrilato traía a la mente los impulsos caníbales de Hannibal Lecter. No era para menos: entre la huelga de celo de pilotos de Iberia, la misteriosa enfermedad de un tercio de los 23 controladores aéreos y el mal tiempo, algunos viajeros han pasado tres días varados en el aeropuerto. "Lo preocupante es que el deterioro de las condiciones de vuelo no es un hecho puntual", opina Francisco Ferrer, responsable jurídico de la Asociación General de Consumidores (ASGECO). Lo mismo cree José María Mújica, presidente de la Organización de Consumidores y Usuarios: "Vamos para atrás en derechos y comodidad. Las aerolíneas de bandera funcionan como las de bajo coste, las medidas de seguridad son asfixiantes y encima nos vapulean con las huelgas". Los pasajeros protestan porque las enormes infraestructuras que son los aeropuertos -52 millones de personas pasan al año por Barajas- se desbordan con frecuencia y las condiciones de vuelo degeneran. Un viaje estándar puede comenzar con unas horas de espera, proseguir con un striptease en el control de seguridad y finalizar en un aeropuerto extraño sin maletas. No es un plan tan raro: muchas familias lo hacen en vacaciones. Antonio Cano, psicólogo especialista en ansiedad, y víctima él mismo de la ola de retrasos, recuerda cómo en su vuelo, tras una hora parados dentro del avión, un viajero sufrió un ataque de agorafobia. Otro perdió los papeles y comenzó a increpar a la tripulación. "La espera crea estrés, genera malestar; y la falta de información agrava el cuadro. Cuando alguien tiene compromisos y ve que empiezan a romperse, reacciona mal", explica. En fechas señaladas, como las Navidades, el estrés sube. La noche de Reyes seis niños se apelotonaban en la T-4 frente a una pantalla de publicidad que había pasado a emitir películas de Disney. Todos iban a dormir en un hotel de Barajas. Una incertidumbre les sobrevolaba: ¿conocerían los Reyes la dirección del hotel? Los padres miraban al suelo. No está libre de desesperación ni siquiera el pasajero que sortea las huelgas, el overbooking (venta de billetes por encima de la capacidad de la aeronave), los retrasos y las cancelaciones. La prueba estrella de la gincana aeroportuaria es el control de seguridad. En Barajas, a una pareja le faltan brazos para pasar los controles con maletas, abrigos y bandejas de plástico para la máquina de rayos. Luego comienza el juego de las prendas: cinturón, zapatos... y a pesar de todo, algo continúa pitando cada vez que la mujer cruza el detector de metales". Leia aqui o texto na íntegra.
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