Escreve o
jornalista do El Pais, FRANCISCO PEREGIL:
"La escena
puede apreciarse cualquier día en los principales supermercados de Caracas. A
las ocho de la mañana del martes unas doscientas personas guardan cola ante la
puerta del Excelsior Gama de Santa Eduvigis, uno de los centros mejor
abastecidos de la capital. La mayoría no sabe qué producto llegará. Pero
siempre cae algo a precios subvencionados: café, harina, arroz, aceite,
frijoles. Hoy se rumorea que habrá leche, dos cajas en polvo y dos latas de
leche condesada. El gerente ha dispuesto unas carpas para repartirlas. “Nos
hemos convertido en un país de carpas”, lamenta una señora.
-No los quiero
ver peleando –advierte el gerente-, sino haciendo valer sus derechos. Aquí no
hay funcionarios que se coleen (que se salten la cola), ni ninguna de esas
vainas. No se peleen.
Mujeres y hombres
han llegado al este desde todas las zonas de Caracas. Del mismo este, que es
donde viven los de mayor poder adquisitivo, y del oeste. Hay una raya tan clara
como invisible entre las dos partes de la ciudad. Los estudiantes que levantan
barricadas contra el Gobierno de Nicolás Maduro desde el 12 de febrero lo hacen
en el este. Y los chavistas convocan sus marchas en el oeste. Sin embargo, cada
día miles de personas cruzan esa raya para trabajar o comprar.
-¡Chavistas, que
sois todos chavistas!, espeta una señora a los primeros de la cola.
Es rubia, de ojos
azules y origen alemán. Tiene 67 años, es técnica radióloga y se llama Palma
Panucza. Después explica: “Estos son todos buhoneros (comerciantes callejeros),
se quejan del Gobierno pero después aplauden como focas a Maduro. Nos estamos
cubanizando. En un país con tantas riquezas se ha vuelto normal hacer estas
colas para conseguir un poco de carne congelada que viene de Brasil y cuando la
abres y la hueles se te quita el apetito. Yo les digo: ‘¿Pero qué os creéis,
que esto es Suiza?’ Y después pienso, ‘¡qué hablo yo si no saben ni dónde está
Suiza!’"
Muchos de los
consultados opinan que la escasez de alimentos obedece a la mala gestión del
Gobierno. Pero tampoco comparten la estrategia de los estudiantes que levantan
barricadas, llamadas coloquialmente guarimbas.
“No digo que no
protesten”, explica Raúl Montero, albañil de 30 años, “pero que lo hagan de
forma pacífica. Si se presenta una emergencia, ¿cómo hacer para pasar por la
carretera? Por culpa de ellos la gente llega tarde al trabajo y los niños a la
escuela”.
Desde la acera de
enfrente unos cinco muchachos levantan las manos riéndose y entonan Patria
querida, la canción que cantó Hugo Chávez antes de viajar a Cuba por última
vez.
“Se burlan de
nosotros, nos están llamando chavistas”, dice un hombre que vino a la cola
desde uno de los barrios más humildes de Caracas. “Nos están diciendo: ‘ahí la
tienen, ésta es la patria que ustedes querían'”. Otra mujer añade: “Pero seguro
que la mamá de ellos hace cola aquí también”.
Unos critican al
Gobierno y otros se culpan ellos mismos por la escasez. Una mujer lamenta:
-Hay gente que
viene todos los días a la cola. ¿Para qué? Para vender lo que compran.
Y otra le
responde:
-No, señora. Un
día se viene a por el café, otro a por el azúcar, la leche...
Y las dos llevan
razón. Hay comerciantes callejeros que revenden lo que compran, hay miles de
ciudadanos que han montado en su casa una despensa alternativa con víveres para
sobrevivir durante meses. Hay contrabando de alimentos en la frontera con
Colombia. Y hay una escasez de productos básicos como nunca la hubo desde que
Hugo Chávez llegó al poder en 1998. El desabastecimiento ha traído pequeñas y
grandes corruptelas. Hay vigilantes en los centros que cobran dinero por avisar
a tiempo del producto que llega cada mañana. “Los que trabajan en los
supermercados ganan más revendiendo que con el sueldo que les pagan. Lo sé
porque yo he contribuido a eso”, reconoce una señora.
La gente ha
desarrollado unos rayos X naturales para adivinar en las calles el contenido de
las bolsas. Un encuestador que trabaja para el Gobierno chavista y prefiere
preservar el anonimato reconoce que el problema del que más se quejan los
ciudadanos es el de la escasez de alimentos. “La escasez está nueve puntos por
encima de la inflación en la valoración de la gente”, señala. “Pero es falso
que el país esté a punto de estallar. La inflación es muy alta, pero los
salarios han subido por encima de la inflación. Hay dinero para comprar los
alimentos. En caso contrario no habría colas. Y, al contrario de lo que ocurre
en las grandes ciudades de Latinoamérica, en Caracas no se ve a niños pidiendo
por las calles. Se está infinitamente mejor que en 1998, antes de la llegada de
Chávez. Es cierto que hay corrupción, pero no más que en la mayoría de
Latinoamérica, desde México a la Patagonia. Y menos que en países
ultracapitalistas como Paraguay”.
Chávez solía
culpar de los desabastecimientos “a los empresarios acaparadores”. Y el mensaje
caló en sus seguidores. José Villanueva, agrimensor de 54 años, cree que ahora
hay más escasez porque Chávez expropiaba en cuanto los empresarios “frenaban
sus plantas” mientras Maduro no expropia.
Ese razonamiento
lo sostiene también el citado consultor chavista, quien culpa de la escasez y
de la inflación a los empresarios. “El mecanismo es muy simple: Un importador
le pide al Estado dólares subsidiados a un precio de 6,30 bolívares por dólar
para comprar diez relojes. Se va a Panamá. ¿Compra diez relojes? No, compra
cinco. Los dólares para los otros cinco relojes se quedan en Panamá: fuga de
capitales. ¿Trae los cinco relojes a Venezuela? No; dos los vende en Colombia
porque allí los precios son mucho más altos y le va a sacar más rentabilidad.
Quedan tres relojes, pero solo saca dos al mercado. Hay escasez de relojes, la
demanda sube y los precios también. Y al mes saca el tercero”.
A media mañana
los taxis se comunican por frecuencias de radio las zonas adonde no se puede
circular porque “los guarimberos” han taponado la vía o levantado las
alcantarillas. Al caer la tarde comienzan a montarse barricadas en la plaza de
Altamira, sede inicial de las protestas. Desde el 12 de febrero han muerto 39
personas. Maduro insiste en que el objetivo es darle un golpe de Estado. Y eso
mismo opinan muchos chavistas. Sin embargo, el estudiante Carlos González,
quien se encuentra el martes en la plaza de Altamira, señala: “Los golpes los
dan los militares. Nosotros somos civiles. Y en mi caso, puedo decir que soy
del oeste. Pero me manifiesto en el este porque si bien aquí nos echan gases y
perdigones, en el oeste nos tiran puro plomo. Hasta ahora, ni una manifestación
de opositores ha sido grabada disparando”.
Un día después,
el miércoles, dos agentes de la Policía Nacional Bolivariana recibieron sendos
balazos en la cabeza y en una pierna cuando intentaban disolver una
manifestación de opositores. Al día siguiente, un estudiante opositor fue
desnudado y encapuchado por un grupo de militantes chavistas. En ninguno de los
canales de televisión del país se informa sobre las protestas. A menos que
resulte herido algún agente. Los ciudadanos sólo se informan en directo por las
redes sociales.
En el Gobierno
están convencidos de que las barricadas han servido para cohesionar a sus
electores. “El 87% de la población está contra ellas”, indica el citado
consultor. “Si la oposición sigue infravalorando a Maduro, si siguen pensando
que el chavismo gana porque compramos a los pobres con subsidios y porque
controlamos los medios de comunicación. Para nosotros es una excelente noticia,
porque así nunca nos van a ganar”.
A la mañana
siguiente vuelven las colas a los supermercados, las carpas, los cortes de
calle y las manifestaciones en el este. Pero las zonas más pobres, los inmensos
cerros que rodean la capital, continúan en silencio”.
