“A mediados del pasado mes de marzo, el Centre d´Estudis d´Opinió (CEO),
dependiente del Departamento de la Presidencia de la Generalitat de Catalunya,
publicó su último barómetro de clima social, que incluye voto político. Para
llevar a cabo dicha encuesta, realizada a finales del año 2013 de manera telefónica,
el CEO contrató los servicios de una empresa de campo, que recogió 1.600
entrevistas repartidas por toda Cataluña.
Con el fin de lograr una mayor representatividad de la muestra final, a
las respuestas obtenidas se les aplicó, como es habitual en encuestas de este
tipo, el llamado coeficiente de ponderación. ¿Qué es este “coeficiente de
ponderación”? Se trata de un multiplicador matemático que corrige la falta de
proporcionalidad por haber entrevistado a más –o a menos– individuos de los que
correspondería si se tuviera en cuenta el número de personas censadas con
derecho a voto de cada provincia. En el caso del barómetro del CEO, los
encuestados en Barcelona fueron el doble de los de Lleida cuando la población
barcelonesa es trece veces superior a la leridana. Ante este desequilibro
inicial, se aplicó el referido coeficiente de ponderación, que, como vemos,
corrige las características sociodemográficas del entrevistado, no sus
respuestas.
Cuestiones demoscópicas aparte, hubo abundante eco de los resultados del
barómetro del CEO en los medios de comunicación. Por supuesto, el titular fue
que el 60% de los catalanes eran favorables a la independencia de Cataluña.
Recordemos que la anterior ocasión en que se realizó la misma pregunta
–noviembre de 2013–, la respuesta hablaba de un 54,7% de ciudadanos catalanes
partidarios de ella. Y en la encuesta preliminar a esta –junio de 2013–, el
porcentaje de respuestas proindependencia fue del 55,6%. Por tanto, podemos
concluir que la situación a lo largo de los últimos meses es de estabilidad en
torno a dicha cuestión. Estas cifras son esperanzadoras para CiU, ERC e ICV,
que aprovecharán el tirón de este escenario propicio cuando el próximo martes
día 8 acudan al Congreso de los Diputados para defender que la Generalitat
pueda convocar un referéndum sobre la independencia de Cataluña.
Pero, si queremos sacar más conclusiones, indaguemos con mayor
profundidad en el propio barómetro. El CEO no preguntó a sus entrevistados
sobre si eran favorables o contrarios a la independencia tal y como lo acabamos
de enunciar. Su pregunta, en realidad, versaba sobre el grado en el que los
entrevistados apoyarían un nuevo estatus político para Cataluña. Literalmente,
la pregunta fue: ¿Usted está totalmente a favor, más bien a favor, más bien en
contra o completamente en contra de que Cataluña sea un nuevo Estado de Europa
en los próximos años? A los encuestados no se les preguntó si querían que
Cataluña fuera un Estado independiente; tampoco les preguntaron si querían que
fuera un nuevo Estado incluso a riesgo de no estar dentro de la Unión Europea.
De hecho, el CEO ni siquiera nombró la palabra “independencia”. En cambio, sí
que incluyeron la palabra “Europa”, quizás para amortiguar los reveses que la
Unión Europea ha dado en reiteradas ocasiones al proyecto independentista de
los nacionalistas catalanes.
Pues bien, ante esta pregunta concreta, el 40,2% de los entrevistados
respondieron que estaban “totalmente a favor” y el 19,5% señaló que estaba “más
bien” a favor (sic). Un 10,8% dijo que estaba “más bien en contra”, un 18,9%
estaba “totalmente en contra” y un 10,7% no supo o no quiso contestar.
Si aplicamos las enseñanzas del lingüista George Lakoff –pensador de
referencia del Partido Demócrata norteamericano–, podríamos decir que el barómetro
del CEO, con preguntas en las que sortea toda conflictividad, trata de crear
entre sus encuestados un marco mental –un “framing”, diría Lakoff– muy
determinado. Por su parte, Frank Luntz –uno de los consultores políticos
favoritos del Partido Republicano de los EEUU–, vería la exclusión de
determinadas palabras –“independencia”– y la inclusión de otras –“Europa”– como
una confirmación de su famosa tesis, aquella en la afirma que, en política, “lo
importante no es lo que usted dice, sino lo que la gente entiende”.
Es importante señalar que, en el mundo de las encuestas –como en la vida
en general–, si quieres una respuesta realista, debes preguntar por aquello que
realmente quieres saber. Esto no quiere decir que el barómetro del CEO pecase
de superficial. Al igual que la mayoría de estudios de este tipo, este
barómetro es un exhaustivo informe –más de 1.000 páginas– que no sólo recopila
todas las respuestas directas a sus preguntas, sino que, además, las desgrana
por edad, orientación ideológica, nivel de estudios o de ingresos. Incluso
recoge el recuerdo de a quién votó cada entrevistado en las anteriores
elecciones catalanas. Todos estos datos sirven para proporcionar una detallada
foto del mapa sociológico catalán. Ante la cantidad de información que
proporciona el barómetro, no hay nada que objetar. Pero visto el tipo de
preguntas que el CEO realiza para obtener dichos datos, surge la pregunta: ¿son
concluyentes sus barómetros?
La mejor manera de responder a esta duda es comparar los resultados del CEO
con los resultados de las urnas catalanas. Para las elecciones autonómicas de
noviembre de 2012, el sondeo del CEO pronosticó una mayoría absoluta para CiU
con el 43% del reparto de votos. Este porcentaje les daría a los convergentes
unos 70 escaños –la mayoría absoluta en el Parlamento catalán está en 68
diputados–. De hecho, fue el del CEO el único sondeo de aquel noviembre que
daba mayoría absoluta a los nacionalistas-conservadores. El Centre no pudo
anticipar ni la caída de la coalición –de 62 a 50 diputados– ni el auge de ERC
o de Ciutadans:
Volvamos ahora al barómetro que abre el artículo –recordemos: publicado
en marzo de 2014 con cuestionarios realizados en diciembre de 2013–, donde a
los entrevistados también se les pregunta a quién recuerdan haber votado en las
elecciones autonómicas de 2012. Si comparamos este barómetro con el voto de las
elecciones al Parlament de noviembre de 2012 sobre el censo, veremos que la
muestra del CEO nos proporciona un porcentaje de votantes de ERC notablemente
superior a la representatividad que esta formación tiene hoy en el Parlament;
en concreto, más del doble. CUP literalmente dobla su presencia según la
muestra del sondeo. También vemos que los partidos que podrían no estar de
acuerdo con la independencia –o que incluso podrían mostrarse en abierto
desacuerdo con ella– obtienen menor representatividad en las respuestas del CEO
que en el Parlament: el PP menos de la mitad; Ciutadans dos puntos menos; el
PSC un punto menos…, mientras que CiU se mantiene igual:
Dado que el próximo día 8 se defenderá en el Congreso de los Diputados
la posibilidad de convocar un referéndum, veamos qué se votó en Cataluña en las
elecciones nacionales de noviembre de 2011 y comparémoslo con la actual
configuración del Parlament. Así, comprobaremos que los catalanes, en un año,
votaron dos espectros parlamentarios diferentes, principalmente para ERC, PP y
PSC-PSOE:
El destino final de los votos –ámbito autonómico o ámbito nacional–
influyó de manera significativa en la ciudadanía catalana. Vemos, pues, que
existe un factor de pragmatismo que influye entre los votantes de Cataluña.
Este mismo factor de pragmatismo puede llevar a muchos catalanes a
plantearse que independencia de Cataluña requeriría una moneda propia, un
pasaporte propio, necesidad –dada la respuesta de la UE– de permisos de trabajo
fuera del territorio catalán, nuevos acuerdos laborables y nuevos aranceles
comerciales con terceros países, así como un nuevo Ejército o que los actuales
políticos catalanes no tuvieran representatividad en el Senado y el Congreso
españoles. También afectaría a temas colaterales como puedan ser las
competiciones deportivas. Todas estas consecuencias, dada su relevancia,
tendrían que estar presentes en las preguntas del CEO para reflejar la
intención más consciente de los catalanes con respecto a la independencia.
En resumen: el barómetro del CEO, según lo que acabamos de ver, no
refleja, a tenor de los resultados de las distintas elecciones celebradas en
Cataluña, la realidad sociopolítica que ahora mismo se vive allí. Para lograr
este objetivo, debería recoger una muestra de respuestas que fuera más
representativa del arco sociopolítico al que se está enfrentando. En cuanto a
las preguntas del barómetro, estas deberían estar formuladas de manera más
directa, para garantizar que el encuestado conoce las consecuencias reales de
la independencia. Tal vez el Gobierno de Artur Mas no quiera llamarlo “ruptura
con el resto de España”, pero bastaría con que el próximo barómetro del CEO no
obviara la palabra “independencia” (texto de José Barros, periodista y
consultor de comunicación, y Enrique Cocero, fundador de la consultora de
análisis,com a devida vénia, El Confidencial)
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