La CIA admite que carece de pruebas de fraude
electrónico en Venezuela y descarta que Caracas pueda amañar votaciones fuera
de su territorio; el discurso presidencial del jueves tergiversó esas
conclusiones. En su discurso de la Unión del jueves por la noche, el presidente
estadounidense Donald Trump presentó un paquete de documentos de inteligencia
desclasificados como prueba de un supuesto fraude electrónico en Venezuela
durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. El material, difundido
por la Casa Blanca, contradice la denuncia.
El mandatario aseguró que la alocución buscaba
reforzar la confianza de la ciudadanía en las elecciones de su país, aunque
varios medios norteamericanos coincidieron en que dedicó buena parte de la
intervención a socavarlas. La misma distancia aparece entre sus afirmaciones y
el contenido de los archivos que exhibió. La nota de la CIA, fechada el 29 de
junio, reconoce que «otros factores explican mejor los resultados electorales»
en Venezuela y que sus fuentes eran limitadas. | Foto: Captura de pantalla
La pieza central del paquete es una nota de la CIA fechada el 29 de junio, que evalúa la información reunida durante casi dos décadas sobre las posibilidades del Gobierno venezolano de intervenir sus comicios mediante la tecnología de las máquinas de votación. Entre 2004 y 2020, esos reportes registraron «preocupaciones persistentes» en torno a la manipulación de los sistemas de votación electrónica, sin comprobación, señala The Washington Post.
Lo que admite el propio informe
Sobre esas sospechas, la agencia «no confirmó de
manera definitiva que se haya ejecutado un fraude electrónico a gran escala en
elecciones venezolanas específicas», y su evaluación de línea base sostenía que
«otros factores explican mejor los resultados electorales». El documento
atribuía a los funcionarios venezolanos «cierta capacidad para manipular los
sistemas de voto electrónico», sin prueba de que esa tecnología —obra sobre
todo de la firma Smartmatic— se hubiera empleado para torcer votación alguna.
Los indicios sobre técnicas avanzadas, añade el informe, provenían de «fuentes limitadas», y las vulnerabilidades detectadas quedaban en el plano teórico. Otra de sus conclusiones mira fuera del territorio venezolano. La prensa estadounidense desmonta el relato presidencial; The Washington Post califica como obsesión lo que Trump demuestra como un fraude, y que su propia CIA admite no haber confirmado. | Foto: Captura de X
El análisis descarta que Caracas pudiera amañar
votaciones en el exterior. «Ni Smartmatic ni el Gobierno venezolano tenían la
capacidad de manipular el resultado de unas elecciones fuera de Venezuela»,
señala el texto, según reseñó el diario The New York Times. La precisión
alcanza de lleno a una teoría que el entorno de Trump difunde desde hace seis
años.
Esa versión nació en los días posteriores a los
comicios estadounidenses de 2020, cuando los abogados Rudy Giuliani y Sidney
Powell acusaron a la fabricante de máquinas Dominion Voting Systems y a
Smartmatic de ser, en secreto, empresas venezolanas dedicadas —supuestamente— a
alterar votos para favorecer al comandante Chávez, y de haber propiciado
mediante una programación oculta el triunfo de Joe Biden. The Washington Post
recuerda que, hasta hoy, ni Trump ni sus aliados han aportado evidencia de que
Venezuela interviniera en una votación de Estados Unidos.
Ese vacío quedó registrado por escrito dentro del
aparato de inteligencia. Un informe de 2021 concluyó que «no hay información
que sugiera que los regímenes venezolanos actuales o anteriores estuvieran
involucrados en intentos de comprometer la infraestructura electoral de
EE.UU.». Lo firmó John Ratcliffe, director de inteligencia nacional designado
por el mismo Trump.
Las palabras contra el expediente
El jueves, el mandatario volvió sobre esa tesis.
Aseguró haber publicado «documentos que demuestran que la CIA obtuvo
información sobre un complot específico para manipular los resultados» en
beneficio del Gobierno de Nicolás Maduro, y remató que «eso es exactamente lo
que ocurrió» en las elecciones venezolanas de 2020, con métodos diseñados para
alterar los recuentos sin dejar rastro. The New York Times calificó esas
afirmaciones como una tergiversación de las conclusiones de su propia central
de inteligencia.
Donde el expediente habla de sospechas sin confirmar, el discurso proclama certezas; donde la CIA descarta pruebas, la Casa Blanca anuncia demostraciones. Una acusación sostenida durante seis años, negada por los papeles que debían probarla, queda reducida a propaganda. La fórmula alcanza a otras capitales. En la misma alocución, Trump calificó de «adversarios» a Rusia, China, Irán y Corea del Norte, y les atribuyó capacidad para comprometer la «infraestructura electoral» estadounidense.
La respuesta del Kremlin repite el eje del caso venezolano. Su portavoz, Dmitri Peskov, declaró que el mandatario se apoya en «información anónima y sin fundamento» de las agencias de inteligencia, recordó que varias investigaciones de ese país concluyeron que Rusia «no tuvo influencia» en sus elecciones y aseguró que Moscú jamás interfiere en asuntos internos ajenos, trato que espera de las demás naciones (Telesur TV)


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