quinta-feira, abril 03, 2014

La maldición del oro amazónico



“Desde el aire luce como un paisaje apocalíptico. Es como si hubiesen bombardeado la selva y los proyectiles hubiesen arrancado los árboles y dejado cráteres llenos de agua y barro. Cientos de hectáreas de paisaje lunar robadas al manto del Amazonas peruano para extirparle su tesoro más íntimo: el oro. Sobrevolamos la llamada “La Pampa”, el epicentro de la minería ilegal en la región de Madre de Dios, y la visión sobrecoge. Sobre todo cuando se piensa que ese trozo de selva muerta es parte del escudo protector de la reserva nacional de Tambopata. A ras de suelo, con nuestras botas embarradas por el fango de los cráteres, la imagen pierde perspectiva y gana aún más contundencia. Hemos llegado hasta aquí por una pista de arena abierta en medio de la selva, a lomos de un mototaxi, después de varias horas de negociaciones. Este es un territorio clandestino, nada de lo que sucede aquí debería suceder. Así que los testigos no son bienvenidos. Ni siquiera venir de la mano de hombres que tienen intereses en La Pampa te libra de unas miradas que parecen decir: “¿Sois policías?” Sobre un fondo de árboles muertos, dentro de uno de los agujeros, tres hombres se sumergen hasta el cuello en un agua de color ocre en la que flotan desperdicios de comida, latas de refrescos y ramas secas. Dos de ellos nadan hasta subirse en una plataforma que parece una mezcla de balsa de náufrago, tobogán artesanal y bomba de agua. Una especie de draga con la que succionan la arena del fondo del cráter para precipitarla por el tobogán, donde una alfombra atrapa las partículas de oro disueltas en la arena. Es una imagen que parece sacada de otra época, no de su versión 2.0” (fonte: El Pais)