sábado, agosto 04, 2007

Canárias: "Soberanía y españolidad"

Mais um editorial polémico do jornal "El Dia" de Canárias:
"EL DÍA se ha caracterizado a lo largo de su historia por dar cabida en sus páginas a pensamientos de diferentes tendencias, coincidan o no con sus tesis editoriales. Una carta enviada por un lector se enmarca en el segundo grupo y muestra su rechazo a los argumentos soberanistas que defiende este periódico, opinión que respetamos, pero que entendemos que probablemente tenga su origen en una confusión de conceptos. Este lector, que se arroga una representatividad social que cuando menos habría que poner en duda, estima que el sentimiento que predomina en el Archipiélago es el de españolidad, lo que a su parecer minimiza considerablemente el de soberanía. Pero lo que probablemente no tenga claro es que ambos conceptos, españolidad y soberanía, no tienen por qué ser divergentes. De hecho, entendemos que las Islas deben recuperar su soberanía sin desvincularse totalmente de lo español, aunque dichos lazos no deben incluir la dependencia política ni administrativa. El estatus especial que defendemos para Canarias, cuya denominación más correcta debería ser "estatus de soberanía", oficializaría una españolidad de espíritu que ciertamente existe entre buena parte de la población del Archipiélago, un afecto hacia España que resulta innegable, además de reconocer otra serie de vínculos de tipo cultural, caso de la lengua común, lo que debería conllevar, además, la desaparición de la ridícula Academia canaria de la lengua, una lengua que como tal no existe. Y es que desde estas páginas defendemos un proyecto serio, donde lo superfluo quede sepultado por lo necesario. En cuanto a la administración y la política, las relaciones deben mantenerse, por supuesto, pero no deben estar marcadas por la dependencia, sino por la igualdad y el respeto recíproco. Y no olvidemos los sólidos lazos existentes entre Canarias y la Casa Real, que también quedarían garantizados jurídicamente como reflejo del aprecio de los canarios hacia los Reyes y el resto de la Familia.
El modelo que defendemos como idóneo, convenientemente adaptado a la realidad de las Islas, es el de la Commonwealth británica, un conjunto de países que, siendo soberanos, mantienen un sentimiento de cercanía al Reino Unido y de afecto hacia la familia Windsor. Sin embargo, existen otras fórmulas susceptibles de ser aplicadas, tal sería el caso de la conversión de Canarias en un estado libre asociado, que se basa en la asociación libre entre dos pueblos que alcanzan un acuerdo para compartir y dividir la soberanía. El caso más conocido es el de Puerto Rico, un estado asociado a los Estados Unidos de América que gracias a dicho acuerdo ha logrado mantener su identidad, tener un carácter propio como país que le permite ser conocido en todo el mundo y que, al mismo tiempo, le ha posibilitado prosperar. El conflicto del descreste arancelario, en el que el entonces presidente de Canarias, Lorenzo Olarte, se enfrentó al Gobierno estatal debido al trato colonial que brindaba a las Islas, abrió el debate, a iniciativa del propio Olarte, sobre la posibilidad de que las Islas, para mejorar dicho trato, modificaran su estatus y se acercasen al modelo puertorriqueño.
El caso es que Canarias no tiene por qué permanecer al pairo de lo que decidan personajes como Zapatero, Blanco, Rajoy o Acebes, que toman decisiones a más de dos mil kilómetros de distancia y consideran a los canarios súbditos en lugar de ciudadanos. No puede ser de otra forma cuando hay un océano de por medio, habida cuenta que la distancia ha convertido a los residentes en la islas en españoles de tercera, un triste panorama que podrían solventar políticos canarios en los que primara el sentido común y la inteligencia, un requisito que descarta de entrada a los Ruano, Saavedra, Martín, González, Belda, Soria, Castro, López, Tavío... Pero la soberanía en cualquiera de sus formas no significa aislamiento. Antes bien, Canarias debe aspirar a convertirse en una nación europea con todos los beneficios que ello conlleva, porque aunque las Islas se encuentran en la encrucijada de tres continentes, es el europeo con el que tradicionalmente ha mantenido unas relaciones más sólidas, que tienen su origen en el comercio y fraguaron incluso antes de que España se abriese al continente. La distancia es óbice para permanecer sometidos a lo que se decida en una capital lejana, pero no debe serlo para mantener y fortalecer el cordial y fructífero trato que han mantenido históricamente Canarias y los países del Viejo Mundo. Por ello ha llegado el momento de que el nuevo presidente canario, Paulino Rivero, al que consideramos en el grupo de los políticos inteligentes, se decida a defender ante el Gobierno español el necesario estatuto de soberanía, que realice las "gestiones exteriores" necesarias para poner fin a siglos de vasallaje y, al mismo tiempo, oficializar una españolidad que nadie niega ni puede negar. Españolidad, sí, aunque con matices; soberanía, sin duda
".

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